“El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la absolución del sacerdote. Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.

El arrepentimiento (llamado también contrición) debe estar inspirado en motivaciones que brotan de la fe. Si el arrepentimiento es concebido por amor de caridad hacia Dios, se le llama “perfecto”; si está fundado en otros motivos se le llama “imperfecto”.

El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia. Sin ser necesaria, de suyo, la confesión de las faltas veniales está recomendada vivamente por la Iglesia”.¹

PARA REALIZAR UNA BUENA CONFESIÓN SE RECOMIENDA SEGUIR LOS SIGUIENTES PASOS
  • Examen de Conciencia. Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Se recomienda reflexionar en cada mandamiento recordando si hemos cumplido con lo que Dios nos pide en cada uno.
  • Arrepentimiento. Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado quien más nos ama: Dios.
  • Propósito de no volver a pecar. Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.
  • Decir los pecados al confesor. El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.²
  • Recibir la absolución y cumplir la penitencia. Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple justicia exige esto. Pero además el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe “satisfacer” de manera apropiada o “expiar” sus pecados. Esta satisfacción se llama también “penitencia”.¹

En la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe puedes reconciliarte con Dios y con la iglesia a través del sacramento de la Reconciliación que se ofrece durante todas las misas.

 

Fuentes:
¹ http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c2a4_sp.html
² http://es.catholic.net/op/articulos/17216/cat/681/pasos-para-una-buena-confesion.html